viernes, 31 de mayo de 2013

Las Guerras Indias (III): La masacre de Wounded Knee


El jefe sioux Pie Grande, muerto sobre la nieve tras la masacre
de Wounded Knee.
Los hechos de Wounded Knee marcaron el final de un ciclo. No solo supusieron el fin de la resistencia de los nativos americanos frente al gobierno de los Estados Unidos, sino que también cerraron la herida que había supuesto la derrota de Little Big Horn para el orgullo de una sociedad que despreciaba a aquellos pueblos salvajes. En cualquier caso, lo ocurrido en Wounded Knee fue una verdadera masacre y de batalla tuvo poco.
 
Todo ocurrió en pleno invierno, el 29 de diciembre de 1890, en Wounded Knee Creek (en la reserva lakota de Pine Ridge, situada en Dakota del Sur). Aquella mañana, quinientos soldados del Séptimo de Caballería -mandados por James Forsyth- rodearon el campamento y procedieron al desarme de los hombres de la tribu. No está muy claro qué fue lo que ocurrió, aunque parece ser que todo partió de la negativa del indio Coyote Negro a entregar su rifle. Los soldados no tardaron en abrir fuego indiscriminadamente contra todo el poblado con las cuatro ametralladoras Hotchkiss que habían emplazado: contra niños, mujeres y ancianos en su mayoría, asesinados impunemente a medida que intentaban huir del campamento. Mientras, los guerreros sioux lograron recobrar sus rifles y armas blancas de los montones en que se habían apilado, pero su inferioridad numérica y la gran potencia de fuego de los cañones Hotchkiss resultó determinante. El resultado fue el que sigue: unos trescientos muertos, de los cuales doscientos eran mujeres y niños y, otros noventa, guerreros.

Cañón Hotchkiss, modelo empleado en Wounded Knee.

El 7º de Caballería se cobró su venganza por la humillación de 1876. Como premio, sus oficiales recibieron medallas del Congreso al valor. La rendición definitiva de los sioux tuvo lugar el 15 de enero de 1891 en White Clay Creek, poniendo fin a las Guerras Indias.
 
 
 

FUENTES


La mirada india

Centro de colaboraciones solidarias

Planeta Sapiens

miércoles, 29 de mayo de 2013

Las guerras indias (II): Little Big Horn, 25 de junio de 1876


Elaboración propia. Imagen posterior: "The Custer Fight", de Charles Marion Russell.


Como hemos visto en la entrada anterior, desde 1867, Washington impulsó una nueva política con respecto a las naciones indias, procediendo a concentrarlas en reservas. En 1874, el teniente coronel George Armstrong Custer, al frente del 7º Regimiento de Caballería, se adentró en territorio sioux en busca de oro. Pronto se difundió la noticia de la existencia de tal metal precioso, con lo que cientos de colonos comenzaron a llegar a estas tierras sagradas para los indios, y que además se les había asignado mediante tratados. Este fenómeno colonialista vulneraba el Tratado de Fuerte Laramie, pero las protestas de los líderes sioux ante el gobierno de los Estados Unidos de nada sirvieron. Traicionados, los sioux abandonaron sus reservas y pronto recibieron un ultimátum por el cual se establecía como fecha límite para su regreso a las reservas el 31 de enero de 1876. De lo contrario, serían considerados hostiles. Sin embargo, los sioux no aceptaron el ultimátum y establecieron su campamento en Rosebud Creek, Montana. Allí celebraron un consejo junto a otras tribus, entre ellas cheyennes y arapahoes, para la formación de una alianza frente a los Estados Unidos. Cansados de ceder, decidieron combatir.
 
Respecto a los Estados Unidos, a la altura de mayo se comenzó a preparar una ofensiva contra el campamento indio, con el envío de 2.500 soldados de caballería divididos en tres columnas que partirían desde distintos puntos geográficos. El 16 de junio, la columna de Crook, formada por 1.300 soldados, llegó a Rosebud. Caballo Loco, gran estratega sioux, logró tender una emboscada a la columna, causándole numerosas bajas. Tras esta victoria, el campamento indio se trasladó hacia el norte, a un valle junto al río Little Big Horn.
 
El 25 de junio, el general Terry envió al 7º de Caballería -formado por 600 hombres y mandado por el mencionado teniente coronel Custer- hacia Little Big Horn, en una misión de reconocimiento para observar el terreno. Custer, un hombre valiente, vanidoso y ansioso de gloria, tenía órdenes estrictas de esperar al grueso de la columna para comenzar el ataque. Sin embargo, al alcanzar las proximidades del campamento decidió pasar a la acción. Dividió, imprudentemente, sus tropas: envió a 175 hombres, liderados por Benteen, en una dirección incorrecta para prevenir movimientos de los indios; y a otros 175 soldados, mandados por Reno, hacia el sur del campamento. Otro pequeño grupo quedó a cargo de la impedimenta, por lo que a Custer le quedaban consigo 210 hombres. No sabían que frente a ellos había 2.000 guerreros indios decididos a luchar.
 
El ataque de Reno fue frustrado por Caballo Loco y sus guerreros, forzando a sus tropas a una retirada desordenada y costosa en número de bajas. En ese momento comenzó el ataque de Custer, por lo que Caballo Loco abandonó la persecución de los hombres de Reno para frenar el ataque principal. Aquí existen dudas. Hasta no hace mucho, se creía que Custer había atacado el campamento. Por otro lado, nuevos estudios como el de Richard A. Fox tienden a señalar que los hombres de Custer se lanzaron en persecución de los grupos de mujeres y niños que Toro Sentado trató de ocultar por la zona. En cualquier caso, Custer se vio obligado a adoptar una posición defensiva en la colina que más tarde se llamó Last Stand Hill. Cercados, sin posibilidad de huida y avasallados por las flechas y los disparos de la multitud enemiga, ninguno de los 210 hombres de Custer sobrevivió. Todos los cuerpos fueron mutilados. Reno y Benteen consiguieron resistir con sus hombres en la colina de Weir Point, parapetados hasta que, al día siguiente, Caballo Loco decidió retirarse. Sus exploradores advirtieron la llegada de refuerzos enemigos, por lo que los jefes sioux trasladaron el campamento.
 
Little Big Horn fue una gran victoria india, pero debemos relativizar su impacto. Resultó sobrecogedora para la sociedad estadounidense, y la ira cundió tan pronto que las represalias fueron brutales. Caballo Loco fue asesinado a bayonetazos por sus captores en una celda, en 1877. Toro Sentado corrió una suerte parecida, en 1890, poco antes de la masacre de Wounded Knee.
 

Continúa en: Guerras Indias (III): La masacre de Wounded Knee.
 

FUENTES


ANG, G. (Dir.): Secretos y misterios de la Historia. México. Reader's Digest, 1990.

VV.AA.: Las grandes batallas de la Historia. Barcelona. Debolsillo, 2011.

Documental: "Qué pasó con la última batalla del general Custer".

lunes, 27 de mayo de 2013

Las guerras indias de 1860 a 1890 (I): Antecedentes


Persecución de indios. Autor desconocido.
 
Esta es la primera de las tres entradas que vamos a dedicar a las guerras indias de 1860 a 1890. La presente está dedicada a los antecedentes que derivaron en los conflictos. Las dos siguientes se dedicarán a dos hitos fundamentales: la derrota del general Custer en Little Bighorn (1876); y la revancha estadounidense con la masacre de los sioux de Wounded Knee (1890).

Cuando Andrew Jackson llegó a la presidencia de los Estados Unidos, en 1829, muchas tribus indígenas habían sido desplazadas y la frontera natural se fijaba en el río Misisipi: al oeste de este río, era territorio indio. El carácter nómada de las tribus les llevó a aceptar su traslado, llegando a acuerdos con los Estados Unidos. Huelga decir que la coacción y los engaños estuvieron siempre presentes en estas negociaciones.

Jackson era partícipe de la eliminación de los indios, había dirigido varias campañas militares e intervenido en las negociaciones por las cuales los indios del sur (Georgia, Florida y Alabama) aceptaron su traslado hacia el oeste. En el año 1830, Jackson logró la aprobación en el Congreso de la Ley de Eliminación de los Indios, por la cual, en las décadas que siguieron, se obligó a muchos pueblos del sur a ceder sus tierras y a ser trasladados al oeste, al Territorio Indio, donde el hombre blanco no podía asentarse. Desde entonces, se produjeron numerosos abusos. El Gobierno se había comprometido a proteger a los indios que permaneciesen en territorio estadounidense. Sin embargo, las hostilidades surgieron pronto (caso de la guerra de Black Hawk en 1832) y derivaron en el uso de la fuerza y las deportaciones forzosas. Solo hasta 1837, 46.000 indígenas habían sido deportados.(1)
 

Andrew Jackson, presidente de los Estados Unidos entre
1829 y 1837.

Muchos de los acuerdos firmados fueron violados poco más tarde a medida que la expansión de los Estados Unidos tuvo lugar. Este fenómeno se agudizó especialmente a partir de 1840, cuando numerosas caravanas de colonos comenzaron a afincarse en Oregón y California, en el oeste. En 1851 se firmó el tratado de Fuerte Laramie entre el Gobierno y varias naciones indias, entre ellas los sioux, cheyenes y arapahoes. Dicho tratado permitía al Gobierno fijar puestos militares en territorio indio. Además, las tribus no hostigarían el paso de caravanas hacia el oeste. A cambio, las naciones indias recibían el reconocimiento sobre sus tierras a perpetuidad.

La Guerra de Secesión (1861-1865) agravó la situación. El ejército del Norte ocupó zonas del Territorio Indio, (Masacre de Sand Creek de 1864) fijando las bases de lo que serían las guerras indias. Finalizada la guerra civil, la llegada de colonos hacia el oeste se intensificó: granjeros, mineros, cazadores... a lo que se sumó el exterminio del búfalo en los años setenta, pilar básico para la subsistencia de las naciones indias. Todo ello vulneraba los tratados existentes entre estas tribus y el Gobierno estadounidense, el cual decidió aplicar una política nueva: a partir de 1867, forzó a las naciones indias a firmar tratados para su concentración en reservas en las zonas más deprimidas del oeste. Los numerosos conflictos y enfrentamientos que se produjeron culminaron con la alianza de varias tribus y su victoria sobre Custer en 1876.
 
A día de hoy, existen más de 250 reservas indias. Despojados de sus formas tradicionales de vida y excluidos socialmente, los nativos americanos padecen graves problemas como el alcoholismo y una elevada tasa de suicidios. A todo ello se suma el factor económico, que ha motivado la concesión a estas reservas de derechos para la apertura de casinos como medio de subsistencia.
 
(1) SANTON, K. y McKAY, L.: Atlas de Historia del Mundo. Barcelona, Parragon, 2006, p.208.


FUENTES


ANG, G. (Dir.): Secretos y misterios de la Historia. México. Reader's Digest, 1990.

SANTON, K. y McKAY, L.: Atlas de Historia del Mundo. Barcelona, Parragon, 2006.

El Viajero Imaginario

viernes, 17 de mayo de 2013

La ruta Ho Chi Minh: eje logístico clave en la Guerra de Vietnam


Soldados del Ejército de Vietnam del Norte en la ruta. Realizada
por una patrulla de reconocimiento estadounidense.

La ruta Ho Chi Minh, que debe su nombre al entonces presidente de Vietnam del Norte -y principal artífice de la independencia frente a Francia- supuso un verdadero quebradero de cabeza para el mando de las fuerzas de Vietnam de Sur y Estados Unidos. Comprendía una gigantesca red de senderos y caminos que configuraban la principal vía de abastecimiento para el Vietcong, así como de movimiento de tropas hacia Vietnam del Sur. Esta red de senderos, que en total sumaban más de 16.000 kilómetros de longitud, comenzaba cerca de Hanói y finalizaba en Saigón, discurriendo a través de la jungla por zonas de montaña, en torno a la frontera de Vietnam con Laos y Camboya (y muy importante, a través del territorio oriental de estos países, controlado por comunistas).

El envío de armas por esta ruta entrañaba dificultades, pero era aún más complejo para sus enemigos detenerlos: miles de caminos cubiertos por la frondosa jungla, en un terreno que los vietnamitas conocían a la perfección. ¿Qué estrategia podían seguir las tropas estadounidenses? En primer lugar, se tendió hacia el corte de estas líneas de suministro y movimientos mediante el establecimiento de bases militares cercanas -caso de Khe Sanh-. De este modo, se enviaban patrullas para que actuasen de un modo puntual interceptando un eventual objetivo. Si tenemos en cuenta que estas bases constituían un elemento fijo frente a la inmensidad de la jungla -y senderos- que el Vietcong podía emplear, resulta evidente que la iniciativa corría a cargo de los norvietnamitas. A ello debemos sumar su conocimiento del terreno, el empleo de la táctica de la guerrilla y el uso de numerosas trampas sencillas, pero ingeniosas y mortales, lo que mermaba la capacidad de acción de estas patrullas.

Por otro lado, para tratar de mermar los movimientos del Vietcong en la ruta Ho Chi Minh, se recurrió al bombardeo aéreo y a una de las medidas más traumáticas a la postre para miles de vietnamitas -e incluso soldados estadounidenses-: el lanzamiento de un herbicida conocido como agente naranja desde aviones para arrasar amplias áreas de jungla y eliminar la cobertura que los árboles brindaban al Ejército de Vietnam del Norte y al Vietcong.

Consciente de la gravedad del problema, el mando estadounidense apremió a la toma de medidas que diesen un giro a la situación. De este modo, en abril de 1970, el presidente Richard Nixon y el secretario de Estado Henry Kissinger ordenaron la invasión de Camboya, donde se creía que los comunistas vietnamitas contaban con bases y almacenes. En efecto, las operaciones militares en Camboya lograron destruir gran cantidad de armas y municiones y, considerando que en Laos, al norte, habría más almacenes enemigos, se planificó una nueva operación. Pero la invasión de Camboya había ocasionado numerosas protestas entre la sociedad estadounidense -la opinión pública era cada vez más contraria a la presencia en Vietnam- y una enmienda del Congreso prohibía a las tropas combatir fuera de territorio vietnamita. De este modo, el ataque a Laos corrió a cargo de las Fuerzas Armadas de la República de Vietnam (Vietnam del Sur). Fue la Operación Lam Son 719 y resultó un fracaso.

La ruta Ho Chi Minh, siempre hostigada por los B-52, se mantuvo operativa hasta el final del conflicto. Las tropas estadounidenses se retiraron en 1973, abandonando a su suerte al Gobierno del Sur.


Ruta Ho Chi Minh. Elaboración propia.

 
FUENTES


ZINN, Howard: La otra historia de los Estados Unidos. Hiru, 1997.

History Learning Site

The Guardian

Wikihistoria

miércoles, 8 de mayo de 2013

El Vietnam soviético: La Guerra de Afganistán (1979-1989)


Soldado soviético durante la guerra de Afganistán. 1988. Autor: Mijaíl Yevstáfiev
 
 
Afganistán fue el Vietnam soviético. Esta afirmación se debe a las pautas comunes que compartió el conflicto ruso-afgano con la derrota estadounidense en Vietnam en el marco de la Guerra Fría. En efecto, se pueden señalar algunos aspectos compartidos: por un lado, las dos grandes potencias como agresoras (EEUU-URSS), sobradas de recursos de todo tipo y dotadas de impresionantes ejércitos; en apoyo de pequeños aliados cuyos problemas podían generar inestabilidad en áreas de importancia geoestratégica (Vietnam del Sur para EEUU; Afganistán para la URSS) frente a grupos que intentaban alterar esa relación de poder (Vietnam del Norte y comunistas; Muyahidines), generando así, a su vez, un conflicto indirecto con la otra potencia mundial. Por otro lado, un país económicamente poco desarrollado y políticamente diminuto frente al atacante, pero que acabó convirtiéndose en un verdadero quebradero de cabeza, y un pozo sin fondo al que fueron a parar ingentes recursos económicos, materiales y humanos que acabaron socavando parcialmente el poderío de la potencia invasora. En este caso, la Unión Soviética.
 
En 1978 se había producido un golpe de Estado en Afganistán, que llevó a la instauración de un régimen comunista liderado por Mohamed Taraki, del Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA). Éste trató de introducir profundas reformas económicas y sociales. En el primer caso, la base de su gobierno fue una reforma agraria que implicó la creación de cooperativas agrícolas. En el aspecto social -y debemos recordar que la afgana era una sociedad cuasifeudal- buscó implantar el laicismo, iniciativa que chocó con férreas resistencias. De este modo, a lo largo de 1979 comenzaron a formarse guerrillas que derivaron en la rebelión de los muyahidines, fundamentalistas islámicos. Todo ello coincidió con la división que existía en el seno del PDPA, que llevó al golpe de Estado del primer ministro Amín, en el que Taraki fue derrocado.
 
Mohamed Taraki instauró un Gobierno prosoviético
 
A las cuestiones indicadas debemos sumar el temor de Moscú a un contagio islamista a las repúblicas soviéticas vecinas, así como su ambición de abrir una nueva vía hacia las regiones petrolíferas de Irán e Irak. La situación acabó derivando en la invasión de Afganistán por parte de tropas soviéticas el 25 de diciembre de 1979, lo cual implicó la ayuda a los muyahidines -y al grupo más radical, los talibanes- por parte del gobierno del presidente estadounidense Carter, estableciéndose un nuevo conflicto indirecto entre ambas potencias que enturbió el llamado clima de distensión.

Más de cien mil soldados soviéticos ocuparon el territorio afgano, contando con unos dos mil carros de combate  y los más efectivos -dado lo abrupto del terreno y la escasez de carreteras- helicópteros Mi-8. Frente a ellos tenían a un enemigo fanático y obstinado pero que, a diferencia del Vietcong, no contaba con un mando unificado y sus acciones no obedecían a una estrategia bien planificada.

Muyahidines en la provincia de Kunar, 1987. Autor: Erwin Lux

Pero las dificultades del terreno, el fanatismo de la guerrilla y el suministro de armas y financiación por parte de los Estados Unidos llevaron a la prolongación y estancamiento del conflicto, con numerosas bajas para la Unión Soviética. Debe señalarse que los guerrilleros contaron también con apoyo de otros países como China y Pakistán, e incluso con combatientes voluntarios musulmanes de diversas nacionalidades. De ahí que su área de mayor resistencia estuviese situada en los valles fronterizos con Pakistán, asegurándose así las rutas para la recepción de armamento y material extranjeros. Así mismo, cada vez más afganos se unieron a las filas guerrilleras al creer que el Gobierno de Kabul no era más que un títere de Moscú.
 
De este modo, la ocupación soviética duró hasta el 15 de febrero de 1989, sin lograr derrotar la resistencia islamista. Un año antes, en el marco de la perestroika, Mijaíl Gorbachov firmó con EEUU, Pakistán y Afganistán un acuerdo para la retirada de sus tropas. En Afganistán quedaba abierta una guerra civil que culminó con el derrocamiento del PDPA en 1992 y el establecimiento del régimen de los talibanes en 1996. La sangría económica, las bajas y los nulos resultados hicieron que la derrota causase gran consternación en la Unión Soviética.
 
Sello conmemorativo de la Perestroika, 1988.
 
 
FUENTES
 
 
VV.AA.: Atlas de Historia del Mundo. Barcelona. Parragon Books, 2006.
 
historiasiglo20.org

Documental "La Guerra de Afganistán (1978-1992)"

lunes, 6 de mayo de 2013

Archivo hemerográfico Juan Linz de la Transición española

 
Archivo Linz. Los derechos de la imagen corresponden a sus autores
 


 
El Archivo de Juan J.Linz sobre la Transición constituye un valioso recurso para aquellos que, como el que escribe estas líneas, se encuentran investigando el periodo de la transición política española. Dicho archivo hemerográfico está formado por más de 76.000 recortes de prensa comprendidos entre 1973 y 1987.
 
Esta gran compilación de recortes de prensa se debe a Juan José Linz, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Yale, el cual la donó al Centro de Estudios Avanzados de Ciencias Sociales, perteneciente al Instituto Juan March. Aunque es una iniciativa que parte de la Fundación Juan March, cuenta también con financiación de los ministerios de Educación y Ciencia y Cultura, así como de la Comunidad de Madrid. A través de la página web que enlazamos más arriba se puede acceder al contenido del archivo, completamente digitalizado. Eso sí, por su orientación hacia la investigación es preciso registrarse para acceder a los contenidos digitalizados.

El archivo, por la formación y área de interés del autor, está centrado en cuestiones de índole política, por lo que puede ser de utilidad para aquellos que traten de estudiar el proceso de transición desde una óptica amplia, así como para los que pretendan analizar la trayectoria de alguna agrupación en particular.