jueves, 31 de octubre de 2013

Ruanda y el genocidio de 1994 (I): Conflicto entre hutus y tutsis


Letrero que señala la ubicación del memorial del Genocidio en Kigali.
Autor: Adam Jones, Ph.D./Wikimedia Commons Web personal: adamjones.freeservers.com

1994, año del terror en la República de Ruanda. En este pequeño país de África Central, la frágil convivencia entre las etnias hutu y tutsi salta por los aires. En torno a un millón de personas fueron asesinadas.

En Ruanda conviven tres pueblos: los TWA (muy minoritarios, suponen el 1% de la población), los tutsi (14%) y los hutu (85%). La rivalidad entre tutsis y hutus fija sus raíces en el siglo XV, cuando los primeros, procedentes de Etiopía, invadieron las tierras de lo que hoy es Ruanda. Tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, la administración colonial de Ruanda correspondió a Bélgica, etapa durante la cual se agravó la problemática convivencia entre ambas etnias. Las autoridades belgas apoyaron el tradicional liderazgo tutsi, contando incluso con una monarquía. Derechos fundamentales, como la educación, estuvieron restringidos para los hutus.

A finales de los años cincuenta, en pleno proceso de descolonización, la tensión fue en aumento. En noviembre de 1959 comenzó la Revolución Campesina Hutu, poniendo fin al dominio tutsi. La escalada hutu hacia el poder se consolidó con su victoria electoral y la independencia de 1962, proclamando la República de Ruanda. 120.000 tutsis partieron hacia los países vecinos, desde los cuales trataron de preparar su regreso al poder, perpetrando atentados contra las autoridades hutu que, a su vez, solían saldarse con nuevas matanzas de tutsis. Los sesenta fueron años de gran tensión social. En 1973, el general hutu Juvénal Habyarimana derrocó al Gobierno, y a partir de entonces se vivió cierta estabilidad en Ruanda, si bien éste reservó las cotas de poder para su pueblo.

En 1988 nació un movimiento político y militar: el Frente Patriótico Ruandés (FPR). Sus dirigentes eran los jóvenes tutsis expatriados junto a sus padres a comienzos de los sesenta. Entre ellos destacaban Fred Gisa Rwigema y Paul Kagame, actual presidente de Ruanda. Su programa, al menos en apariencia, era de carácter democrático, orientado hacia la convivencia entre tutsis y hutus, planteando la supresión de los carnés diferenciados para crear una identidad nacional ruandesa. Contaban con apoyo de Uganda, Estados Unidos y Gran Bretaña.

El 1 de octubre de 1990, el FPR invadió Ruanda por el norte, desde Uganda. A su paso, las matanzas provocaron el desplazamiento de miles de hutus hacia el interior del país. El Gobierno de Habyarimana reaccionó rápidamente: consideró traidores tanto a los tutsis como a los partidos opositores, al tiempo que, con apoyo militar de Francia, lanzó una contraofensiva  que detuvo el avance del FPR.

En agosto de 1993, tras las gestiones de la Organización para la Unidad Africana (OUA), ambas partes firmaron el Acuerdo de Paz de Arusha. En octubre comenzó la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas a Ruanda (UNAMIR), para el mantenimiento de la paz. Sin embargo, las tensiones no se disiparon, al tiempo que los extremistas hutus comenzaron a preparar la opción cero, un plan para la eliminación de todos los tutsis y hutus moderados.

La situación se agravó el 6 de abril de 1994, cuando el avión en el que viajaba el presidente Habyarimana fue derribado. Según varias investigaciones, la orden para el ataque llegó del entorno de Paul Kagame. Desde esa misma noche las milicias hutus tomaron las calles y comenzaron los asesinatos en masa de tutsis y hutus moderados. El 21 de abril, las fuerzas de UNAMIR pasaron de 2.165 a 270. Se abandonaba a su suerte a la población de Ruanda frente a los crímenes de las milicias. El 22 de junio, el Consejo de Seguridad permitió a las fuerzas francesas lanzar la Operación Turquesa, para el rescate de cientos de civiles.


El conflicto finalizó el 4 de julio de 1994, cuando el FPR logró controlar todo el territorio de Ruanda, expulsando a las milicias y al ejército hutus hacia República Democrática del Congo y, posteriormente, Zaire. En total, un millón de personas fueron masacradas y en torno a 200.000 mujeres sufrieron violaciones. A su vez, 1,4 millones de hutus abandonaron Ruanda por temor a las represalias del FPR, siendo confinados en uno de los mayores campos de refugiados de la historia, en Zaire.

La ONU lo reconoció como un genocidio y, en 1999, pidió perdón por no haber intervenido: los cascos azules destinados se limitaron a evacuar a los extranjeros presentes en el país. En realidad, la implicación de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia dificultó una posible intervención internacional.




FUENTES


Adam Jones. Global Photo Archive

Marianistas

El Mundo, 23 de febrero de 2005

Centro de Información de las Naciones Unidas

domingo, 27 de octubre de 2013

Publicaciones: Historia de la época socialista. España: 1982-1996




Aunque el libro que hoy os traemos ya lleva un tiempo en las librerías, me gustaría presentarlo para aquellos que aún no lo conozcan. "Historia de la época socialista. España: 1982-1996", tal y como su propio título señala, está centrado en el estudio de la etapa que se corresponde con las cuatro primeras legislaturas de la democracia bajo los Gobiernos de Felipe González.
 
Publicada por Sílex Ediciones, la obra está dirigida por Abdón Mateos López y Álvaro Soto Carmona, catedráticos de Historia Contemporánea, respectivamente, de la UNED y la Universidad Autónoma de Madrid. En la misma se recogen numerosos artículos que abarcan diferentes facetas de la etapa socialista, algunos de los cuales nacieron como ponencias en el marco del Congreso Internacional de la Asociación de Historiadores del Presente sobre la época socialista, celebrado en Madrid en 2011.
 
El libro cuenta con artículos centrados en los cambios de corte político introducidos por el PSOE en el Gobierno: política de seguridad y defensa (Fernando Puell), actuación en materia económica (Joaquín Estefanía), el Estado de las Autonomías (Isidro Sepúlveda),... Junto a otros textos orientados a analizar cuestiones internas del PSOE, tales como su evolución desde un proyecto marxista a uno reformista (Juan Avilés) o la transformación del partido (Abdón Mateos); hasta el papel de otras agrupaciones como Alianza Popular -luego refundado como Partido Popular- (Charles T. Powell) e incluso el Centro Democrático y Social, fundado por Adolfo Suárez (Rafael Quirosa-Cheyrouze).
 
Tal y como han señalado sus autores, se pretende que la obra sea un referente como punto de partida para la investigación sobre esta etapa de nuestro pasado reciente.
 
 
Más información en www.silexediciones.com
 
 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Las Cumbres Iberoamericanas y su futuro en las relaciones entre España y América Latina


Fotografía oficial de la XXIII Cumbre Iberoamericana, Panamá.
Fuente: Ministerio de Relaciones Exteriores de la ´República de Panamá.

¿Qué son las Cumbres Iberoamericanas?

Las Cumbres Iberoamericanas se establecieron como reuniones de carácter anual entre los Jefes de Estado y de Gobierno de los países que integran la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura. La primera se celebró en 1991, en Guadalajara (México). Actualmente, la organización está integrada por veintidós países. Sin embargo, estas reuniones se han revelado como poco exitosas en los últimos años, evidenciando las divergencias políticas existentes y el cambio en cuanto al rol de los estados de América Latina en el contexto internacional.

Los pasados días 18 y 19 de octubre se celebró la XXIII Cumbre Iberoamericana en Panamá, demostrando nuevamente el agotamiento de unos encuentros que, a partir de 2015, pasarán a tener carácter bienal. De hecho, aunque todos los países han contado con representación, se ha dado la ausencia de más de la mitad de los mandatarios americanos: Cristina Fernández (Argentina), Dilma Rousseff (Brasil), Rafael Correa (Ecuador), Nicolás Maduro (Venezuela), Ollanta Humala (Perú), Sebastián Piñera (Chile), Evo Morales (Bolivia), Raúl Castro (Cuba), Daniel Ortega (Nicaragua), Otto Pérez Molina (Guatemala) y José Múgica (Uruguay).

España aporta el 60% del presupuesto para la celebración de las Cumbres Iberoamericanas (frente al 10% de Portugal y el 30% de los países americanos), lo que revela la importancia que desde nuestro país se le otorga al mantenimiento de estos lazos con Hispanoamérica. Aunque las relaciones han partido de un principio de horizontalidad, las Cumbres Iberoamericanas no dejan de tener ciertos rasgos de sucedáneo de la Commonwealth británica, apostando por personificar las relaciones con América Latina en la figura del rey Juan Carlos I.

Aspectos económicos influyentes en las relaciones diplomáticas

Actualmente, se ha operado un cambio en la percepción propia de Hispanoamérica ante el mundo, en un momento de crisis económica y de proyecto para Europa y, concretamente, España. No deben descartarse los aspectos económicos. Por un lado, la idea de una España pujante, cabeza del mundo hispano, se ha desplomado junto al llamado milagro español. Mientras la economía patria arrastra más de dos años de recesión, las economías americanas (no sin problemas endémicos, caso de las desorbitadas tasas de inflación de Argentina y Venezuela) han soportado bien el envite de la crisis global, manteniendo datos positivos de crecimiento y encontrando un motor económico en su vertiente del Pacífico, mirando hacia los mercados asiáticos y estableciendo relaciones comerciales con el gigante chino. A todo ello debemos añadir los recortes en las cantidades destinadas a cooperación por el Gobierno de España desde 2008.

El fracaso del modelo neoliberal

Aunque líderes como el fallecido Hugo Chávez han utilizado la cuestión del pasado colonial como vía de confrontación, nunca ha pasado de ser una cuestión retórica que esconde toda una serie de desencuentros que tienen poco que ver con el pasado colonial y mucho con el reciente. Debemos retrotraernos a los últimos años del pasado siglo para comprender el auge de los populismos americanos. Tras la década perdida de los ochenta, en 1990 las jóvenes democracias americanas comenzaron a aplicar, bajo la tutela de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional (FMI), una serie de recetas neoliberales. Bajo la tesis del Consenso de Washington, Estados Unidos sería el motor del crecimiento económico continental a cambio de la liberalización de las economías mediante la privatización de las empresas públicas y los recursos naturales. Comenzó así la llegada masiva de capitales y, entre ellos, los españoles, que convirtieron a España en el segundo inversor en América Latina por detrás de Estados Unidos a comienzos del siglo XXI.

Sin embargo, las crisis de México (1994), Brasil (1999) y Argentina (2001) llevaron a la desconfianza hacia el modelo neoliberal [1]. Así, a comienzos del siglo XXI hubo un cambio en la escena política de América Latina: comenzaron a ganar las elecciones tendencias socialdemócratas (caso de Ricardo Lagos en Chile, 2000); peronistas en Argentina (Néstor Kirchner, 2003) e incluso populistas (Hugo Chávez en Venezuela, 2000) [2]. Los movimientos sociales que fueron surgiendo por toda América tenían un patrón común: contrarios a la globalización (y a Estados Unidos como icono de la misma), apostando incluso por la autonomía local y una mejor distribución de la riqueza. Ello llevó al auge de líderes carismáticos y populistas que articularon un discurso contrario al neoliberalismo, para ellos la fuente de todos los males, que había supuesto un expolio para América Latina: Evo Morales (Bolivia, 2006), Rafael Correa (Ecuador, 2007) o Daniel Ortega (Nicaragua, 2007). Estos países, junto a Cuba, Venezuela y otros de menor entidad poblacional, forman al Alianza Bolivariana.

Relaciones en el siglo XXI: de Aznar a Zapatero

Debido a la privatización de los recursos estatales, surgió la percepción de un neocolonialismo que, con respecto a España, tuvo calado social. A ello se sumaron varios desencuentros importantes,  como el fallido golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, perpetrado por los Estados Unidos con el apoyo, según Chávez, del entonces presidente del Gobierno de España José María Aznar. Aunque éste niega su participación, informaciones de Miguel Ángel Moratinos, más tarde ministro de Exteriores, parecían confirmar las acusaciones del presidente venezolano. En cualquier caso, Aznar sí se manifestó a favor de la  normalización democrática plena, alineándose con el discurso que tildaba a Chávez de dictador. Misma actitud adoptó la prensa española (véase el editorial de El País del 13 de abril de 2002, titulado "Golpe a un caudillo").

Las relaciones entre España y América Latina continuaron deteriorándose durante todo el segundo mandato de Aznar, sobre todo por su estrecha relación con la Administración Bush. El intento de Aznar para ganarse a los países de América Latina para la Guerra de Irak tuvo su gran fracaso en México, a pesar de que Vicente Fox pertenecía al centro-derechista Partido Acción Nacional [3]. A partir de 2004, el nuevo Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, su distanciamiento con respecto a los Estados Unidos y su política pacifista causaron muy buena impresión en América Latina, intensificándose los lazos diplomáticos y económicos. Sin embargo, a la altura de 2007, el bloque populista, fortalecido por los recientes triunfos electorales en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, no dudó en plantear en la XVII Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile su alternativa económica frente al modelo liberal occidental. Celebrada entre los días 8 y 10 de noviembre, la cumbre tuvo relevancia mediática a nivel mundial por el desencuentro entre el monarca Juan Carlos I y el presidente de Venezuela Hugo Chávez, el cual califico al ex presidente Aznar como fascista, a lo que el rey de España respondió con aquel ¿Por qué no te callas? que flaco favor ha hecho a la diplomacia española: al otro lado del Atlántico fue interpretado como un gesto paternalista.

El caso es que aquella XVII Cumbre Iberoamericana reveló una realidad para la diplomacia española: la fluidez de las relaciones diplomáticas, al menos desde un punto de vista asociativo, se verá mermada por la incompatibilidad entre el modelo de los países americanos integrados en ALBA y la inserción española en el bloque occidental. En el siguiente vídeo recogemos momentos clave de aquella Cumbre Iberoamericana donde se puede comprobar que la magnitud de la misma no se limitó a una simple descalificación, como se ha intentado presentar en los medios de comunicación españoles, sino al planteamiento de un modelo económico  y político alternativo de nacionalizaciones que poco hubiera beneficiado a las empresas privadas españolas presentes en América Latina.



Si te ha parecido interesante, estas entradas están relacionadas:

Política exterior durante los Gobiernos de UCD: Hispanoamérica
[1] PÉREZ, Pedro: "Latinoamérica en el nuevo sistema internacional" en PEREIRA, Juan Carlos (Dir.): Historia de las relaciones internacionales contemporáneas. Barcelona. Ariel, 2009, pág.602.
[2] PÉREZ, Pedro: "Las relaciones de España con América Latina" en PEREIRA, Juan Carlos (Dir.): La política exterior de España. De 1800 hasta hoy. Barcelona, Ariel, 2010, pág. 427.
[3] Ibídem.

FUENTES


PÉREZ, Pedro: "Latinoamérica en el nuevo sistema internacional" en PEREIRA, Juan Carlos (Dir.): Historia de las relaciones internacionales contemporáneas. Barcelona. Ariel, 2009, págs. 585-606.

PÉREZ, Pedro: "Las relaciones de España con América Latina" en PEREIRA, Juan Carlos (Dir.): La política exterior de España. De 1800 hasta hoy. Barcelona, Ariel, 2010, págs. 417-440.

sábado, 12 de octubre de 2013

Origen de la fiesta del 12 de octubre: del Día de la Raza al Día de la Hispanidad


Plaza de Mayo, Buenos Aires. Festejos del Día de la Raza con una imagen de
Cristóbal Colón. 1929. Fuente: Archivo General de la Nación, Argentina.

No hace falta señalar que la fiesta nacional de España se celebra el 12 de octubre a causa del descubrimiento de América allá por 1492. Sin embargo, existe bastante desconocimiento con respecto a una festividad que nació hace ahora un siglo, impulsada desde España y buena parte de las repúblicas americanas de ascendencia hispana con el objetivo de estrechar lazos apoyándose en el patrimonio cultural común.

El padre de la festividad fue Faustino Rodríguez-San Pedro, presidente de la asociación Unión Ibero-Americana, en 1913 (inspirándose, a su vez, en la idea del Día de Colón del periodista ovetense José María González García)[1]. Por su simbolismo, se consideró que el día 12 de octubre sería el idóneo para una festividad que uniese a los pueblos hispanos. De este modo, se comenzó a celebrar esta festividad bajo varias denominaciones: en 1914, la Unión Ibero-Americana la celebró como Fiesta de la Raza Española; en 1915, la Casa Argentina de Málaga como Día de la Raza; y en 1917, el ayuntamiento de Madrid la celebró como Fiesta de la Raza. Así, en 1917, el presidente argentino Hipólito Irigoyen instauró el Día de la Raza como fiesta nacional y, en junio de 1918, Alfonso XIII hizo lo propio. Otros estados americanos aceptaron la celebración.

Existía una serie de cuestiones políticas proclives a facilitar este acercamiento entre España e Hispanoamérica. Por parte americana, se concibió el Día de la Raza  como un símbolo frente a la cada vez mayor influencia de los Estados Unidos y el Corolario Roosevelt, basado en la Doctrina Monroe que, si bien defendía la no injerencia de estados no americanos en el continente, también reservaba para los Estados Unidos el derecho a intervenir contra el resto de estados americanos.

En cuanto a España, se combinaba un sentir popular con un anhelo regeneracionista. Por un lado, se pretendía crear un bloque frente a la hegemonía de las potencias del momento, sobre todo Francia y Gran Bretaña. Por otro lado, a partir del desastre de 1898 nació un espíritu regeneracionista en el cual se integró un paralelo hispanoamericanismo, no solo influenciado por los aspectos culturales comunes, sino también por el fenómeno migratorio que se estaba dando hacia las américas. En resumen, las autoridades españolas trataron de impulsar las relaciones con Hispanoamérica desde un punto de vista cultural, y es en ese contexto donde debemos integrar la instauración del Día de la Raza, que vino a coincidir con la creación de la primera embajada española en el continente americano, la de Buenos Aires (1917). Esta política fue seguida e intensificada, con notable éxito, durante la dictadura de Primo de Rivera y parcialmente abandonada durante la II República, donde las energías se orientaron hacia una mayor integración en Europa.
 
En España, la festividad del 12 de octubre se mantuvo como Día de la Raza hasta 1958, siendo denominada desde entonces como Día de la Hispanidad. En América se han producido otros cambios que han dado lugar a variadas denominaciones:
 
Argentina: Día de la Diversidad Cultural Americana.
Chile: Día del Descubrimiento de Dos Mundos.
Uruguay: Día de las Américas.
Costa Rica: Día de las Culturas.
México: Día de la Raza Iberoamericana.
Venezuela: Día de la Resistencia Indígena.
Estados Unidos: Columbus Day.
 
FUENTES


DE LA TORRE, Hipólito: "La regeneración internacional fallida (1914-1931)" en PEREIRA, Juan Carlos (Coord.): La política exterior de España. De 1800 hasta hoy. Barcelona. Ariel, 2010, págs. 571-585.

Biblioteca Municipal de Guayaquil
 

lunes, 7 de octubre de 2013

Yom Kippur: cuarenta años de la cuarta guerra árabe-israelí


Bandera egipcia, 6 de octubre de 1973.
 
La Guerra de los Seis Días de 1967 había sido una humillación para los estados árabes de Egipto, Siria y Jordania. Haciendo uso de su superioridad en aviones y carros de combate, Israel salió triunfante y ocupó los territorios de la franja de Gaza y el Sinaí (egipcios), Cisjordania (jordana) y los Altos del Golán (sirios). Los estados derrotados se vieron desprovistos de cualquier posibilidad diplomática para romper el statu quo que Israel trató de mantener a toda costa sobre los territorios recién adquiridos.

El Egipto de Anwar Sadat -sucesor de Nasser- y la Siria de al-Asad no olvidaron su humillación y seis años más tarde trataron de modificar la situación por medio de las armas. El inicio de su ofensiva tuvo lugar a las 2 de la tarde del 6 de octubre de 1973, día sagrado de Yom Kipur para los israelíes. La fecha no había sido elegida al azar: tratándose de la festividad judía más importante, los reservistas del Ejército israelí se encontraban dispersos por las sinagogas y el país estaba completamente paralizado. Por tanto, el factor sorpresa resultó fundamental en el éxito que aquel día tuvieron las tropas de la coalición. Comenzaba así la Guerra de Yom Kipur o, para los árabes, Guerra de Octubre. Tal y como señala Frédéric Encel [1], en el lapso de seis años comprendidos entre 1967 y 1973 se produjo un factor fundamental que modificó la situación: la Unión Soviética instruyó al Ejército de Egipto y lo dotó de armamento, en especial de misiles aire-tierra que acabaron con la supremacía aérea israelí; y misiles anticarro SAGGER, que pusieron en jaque a los blindados enemigos. A ello debe sumarse el sentimiento de invulnerabilidad existente entre los israelíes, que explica en cierto modo la incapacidad del Gobierno de Golda Meir a la hora de calcular la envergadura del ataque enemigo cuando, en la mañana de aquel día 6, los informes de inteligencia advirtieron de la inminencia del mismo.
 
Evacuación de bajas israelíes durante la Guerra de Yom Kippur.
Fuente: Israel Defense Forces.

Tampoco supo anticiparse Moshé Dayán, el jefe del Estado Mayor del Ejército de Israel y ministro de Defensa, de modo que la línea de Bar Lev -fortificaciones establecidas por Israel desde 1967 en la orilla este del Canal de Suez- tuvo que soportar los ataques enemigos durante dos días, sufriendo numerosas bajas y perdiendo tanques y aviones en gran número hasta que se logró movilizar a los reservistas. La situación alcanzó tal nivel crítico que el propio Dayán, temeroso de la desaparición de Israel como estado, llegó a proponer en la reunión del Gobierno del día 7 el empleo de la bomba atómica. Todo ello llevó al apoyo de los países occidentales a Israel, especialmente los Estados Unidos, que establecieron un puente aéreo para abastecer a su aliado de armas y municiones. La respuesta de la Liga Árabe llegó el 17 de octubre: los países de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) decidieron establecer un embargo y cesar su exportación de petróleo a varios países occidentales, dando lugar a la primera crisis del petróleo.
 
Artillería egipcia durante la Guerra de Yom Kippur.

Con el apoyo recibido, Israel pasó a la ofensiva, recuperando el Golán y adentrándose en territorio sirio. Mientras, en el frente del Sinaí, el general Ariel Sharon consiguió cruzar el Canal de Suez y cercar al III Ejército de Egipto. La presión internacional y, sobre todo, los Estados Unidos, obligaron a ambas partes a acordar un alto el fuego el 24 de octubre, estableciendo negociaciones en el Sinaí.

Encuentro de generales egipcio e israelí durante un alto el fuego.
Fuente: Israel Defense Forces.

En cuanto a Siria, se vio obligada a declarar un alto el fuego debido a la proximidad de las tropas israelíes con respecto a Damasco -unos veinte kilómetros-, aceptando las fronteras anteriores a la guerra. Por su parte, a instancia de Henry Kissinger, secretario de Estado norteamericano, Egipto e Israel llegaron a un acuerdo para que éste último abandonase el Sinaí, al tiempo que una fuerza internacional pasó a controlar la frontera. Todo ello culminó en los Acuerdos de Camp David de 1979, primer tratado de paz de Israel con un país árabe, lo que supuso la expulsión de Egipto de la Liga Árabe [2].

La cuestión en torno a quién fue el vencedor no es clara. En el campo de batalla, las tropas israelíes lograron imponerse a sus enemigos, pero la de Yom Kippur fue una guerra que causó honda sensación de derrota en la sociedad israelí, no solo por caerse el mito de la invencibilidad de sus tropas, sino también por el elevadísimo número de bajas. Por su parte, los egipcios continúan considerándose vencedores, sobre todo porque la guerra sirvió para desbloquear la cuestión del Sinaí. En cualquier caso, el conflicto supuso la muerte de 13.500 soldados: 7.500 egipcios, 3.500 sirios y 2.500 israelíes.

 
[1] ENCEL, F.: El arte de la guerra. Estrategas y batallas. Madrid. Alianza Editorial, 2005, págs. 276-277.
[2] VV.AA.: Atlas de Historia del Mundo. Barcelona. Parragon Books, 2006, pág. 291.

 
FUENTES
 
 
ENCEL, F.: El arte de la guerra. Estrategas y batallas. Madrid. Alianza Editorial, 2005.
 
VV.AA.: Atlas de Historia del Mundo. Barcelona. Parragon Books, 2006.

"Yom Kippur, la última gran guerra entre Israel y sus vecinos árabes", ABC, 7 de octubre de 2013.

sábado, 5 de octubre de 2013

Muere Vo Nguyen Giap: general vietnamita que derrotó a franceses y estadounidenses

 
Vo Nguyen Giap en 2008. Fuente: Ricardo Stuckert,
Agência Brasil

Ha muerto a los 102 años Vo Nguyen Giap, toda una institución y tesoro nacional de Vietnam, cuya victoria sobre las tropas coloniales francesas en Dien Bien Phu supuso la independencia de Vietnam del Norte. Así mismo, su papel durante la guerra con Vietnam del Sur (Guerra de Vietnam desde un prisma estadounidense) fue clave.

Giap nació en 1911, en una aldea de la provincia indochina de Quang Bihn. Su formación, lejos de ser castrense, tuvo lugar en la Universidad de Hanói, estudiando derecho e impartiendo clases de Historia y Literatura. No obstante, era admirador de Napoleón y Sun Tzu. De fuerte carácter nacionalista, ingresó en el Partido Comunista de Indochina en 1933. En 1939, tras la prohibición de dicho partido, Giap se vio obligado a partir hacia un breve exilio en China. Toda su familia, incluida su mujer -condenada a cadena perpetua- y su hijo recién nacido, murieron a causa de las represalias por parte de los colonizadores franceses. En su estancia en China, Giap conoció a Ho Chi Minh, con el que trabó una relación muy cercana. El líder nacionalista le encargó, en 1940, que se trasladase al norte de Tonkín para organizar las primeras guerrillas del Viet Minh, para combatir tanto a la potencia colonial -Francia- como a la ocupación japonesa. En diciembre de 1944, Giap formó la primera brigada del que poco después sería el Ejército Popular Vietnamita.
 
Giap (izq.) con tropas del Viet Minh en la jungla, cerca de
Kao Bak Lang, 1944.

En 1945, Ho Chi Minh le nombró ministro de Interior del gobierno provisional de la República Democrática de Vietnam. Un año después se convirtió en general jefe del Ejército Popular Vietnamita y ministro de Defensa. Su papel durante la Guerra de Indochina (1946-1954) resultó fundamental. A él se debe la organización de la efectiva acción guerrillera vietnamita contra las tropas coloniales -clave más tarde durante la intervención estadounidense- y el reclutamiento de partidarios que poco a poco conformaron un ejército de 300.000 soldados. Su mayor victoria tuvo lugar en Dien Bien Phu (14 de marzo a 7 de mayo de 1954), donde decidió combatir abiertamente en batalla regular a las tropas francesas. Giap se reveló como hábil organizador de la logística y, en contra de lo que creía posible el Estado Mayor francés, sus tropas lograron subir la artillería, pieza a pieza, a través de la selva y el pronunciado terreno, a lo alto de las montañas que rodeaban la posición francesa. El envío, por parte de la potencia colonial, de paracaidistas en auxilio de sus hombres cercados se topó, sorpresivamente, con un fuego antiaéreo que impidió cualquier refuerzo y se saldó en numerosas bajas. El cerco de Dien Bien Phu mediante trincheras impidió cualquier retirada del contingente francés hasta que, el 7 de mayo de 1954, la posición cayó ante la ofensiva definitiva. De los acuerdos de Ginebra nacían Vietnam del Norte y Vietnam del Sur, el primero liderado por Ho Chi Minh.
 
Giap (derecha) expone el plan de operaciones en la batalla de
Dien Bien Phu a Ho Chi Minh (segundo por la izq.), 1954.

En Dien Bien Phu, Giap ganó su imagen de héroe, hombre cauto y genial estratega. Durante los años sesenta dirigió varias fuerzas del Ejército Popular Vietnamita y, en 1968, aceptó la dirección de la Ofensiva del Tet, si bien manifestó su opinión contraria al considerar que sería un error. En efecto, dicha ofensiva constituyó un fracaso militar al no lograr el esperado levantamiento de los survietnamitas, pero fue un éxito político que demostró a la opinión pública estadounidense que, tras años de combates, las fuerzas de Vietnam del Norte no solo no se habían debilitado, sino que podían lanzar ataques coordinados a gran escala. Giap se fue distanciando de la línea más oficial del politburó norvietnamita, manifestándose contrario a la invasión de Vietnam del Sur en la Ofensiva de Pascua (marzo a octubre de 1972), saldada en derrota; y en la invasión contra los jemeres rojos de Camboya (diciembre de 1978 a enero de 1979). Todo ello le llevó a un progresivo distanciamiento del politburó comunista, siendo destituido como general jefe del Ejército Popular Vietnamita en 1972, aunque manteniendo su cargo de ministro hasta 1986. En 1991 fue relevado de todos sus cargos gubernamentales al tiempo que se le nombró tesoro nacional. Sigue siendo uno de los personajes más admirados por los vietnamitas por detrás de Ho Chi Minh.
 
 
 
FUENTES
 
 
BLACK, J.: Grandes líderes militares y sus campañas. Barcelona. Blume, 2008.
 

miércoles, 2 de octubre de 2013

Guerra Civil española: cifras sobre el material de guerra importado por ambos bandos


Resulta alentador que la sección de colaboradores se esté consolidando a través de compañeros y amigos que, al disponer de mayor conocimiento sobre ciertas parcelas de la Historia que el que suscribe, se prestan a compartirlo en este pequeño blog. Es el caso de Javier Neira, aficionado a la historia militar y buen conocedor del periodo comprendido entre las dos guerras mundiales. Su colaboración se centra en los datos estadísticos recogidos por otros autores en torno al armamento importado durante la Guerra Civil, cuestión sobre la que ha existido un tradicional desconocimiento y de la cual aún queda mucho por estudiar. Una cosa está clara, y es que, a diferencia de lo que algunos autores siguen afirmando, la internacionalización del conflicto fue evidente.

 
Javier Neira Lobo
Licenciado en Historia
 

Tanque soviético T-26B durante la batalla de Belchite.

A más de setenta años del fin de la Guerra Civil, se dispone de cantidades ingentes de documentación e información acerca de esta contienda armada. Por ello, he tratado de realizar una pequeña síntesis debido a las limitaciones de espacio sobre la producción de material bélico por las partes implicadas y la aportación de terceros países al mismo fin.
 
Las últimas afirmaciones soviéticas aseguran que la URSS envió un total de: 806 aviones, 362 tanques, 120 carros blindados, 1.555 cañones, 500.000 fusiles, 340 morteros, 15.113 ametralladoras, más de 100.000 bombas, unos 3.500.000 obuses, 500.000 granadas, 86.200.000 cartuchos y 1.500 toneladas de pólvora. Hasta el 27 de enero de 1937 se habían recibido, según un informe anónimo de los archivos del Ejército republicano, las siguientes cantidades: 106 tanques, 40 carros blindados, diversos cañones -de los que solo aparece especificada una cantidad de 15 ó 30 antitanques-, 28.173 bombas, 60.000 fusiles, 1.150 fusiles automáticos y 2.577 ametralladoras [1].
 
Las piezas de artillería importadas por el bando nacional se estiman en unas 843, facturadas a través de la Legión Cóndor y del HISMA/ROWAK [2]. A éstas habría que añadir la aportación italiana de 863 piezas [3], haciendo un total de 1.707 piezas  de artillería.

Artillería en la batalla de Guadalajara. Fuente: Bundesarchiv.

La ayuda exterior al Ejército republicano se limitó al valor de las reservas de oro enviadas por el Gobierno español a la URSS, 1.592.851.910 pesetas-oro, aproximadamente 500 millones de dólares al cambio de 1934. Respecto al bando nacional, las cifras italianas y alemanas son más complicadas que las reconocidas después de la guerra:

Ayuda alemana reclamada por Alemania: 1.600 millones pesetas-oro
Ayuda italiana reclamada por Italia: 2.969 millones pesetas-oro
Total: 4.569 millones pesetas-oro
 
Al cabo de discusiones con las autoridades españolas, se convino la siguiente cantidad:

Por ayuda alemana: 1.200 millones pesetas-oro
Por ayuda italiana: 1.968 millones pesetas-oro
Total: 3.168 millones pesetas-oro

Así pues, la ayuda alemana e italiana superaba al total de oro depositado en Moscú en 1.575 millones de pesetas-oro en términos aproximados; de hecho, era casi el doble de su valor [4]. Esto no quiere decir que la República solo comprase armas con dicho oro y, en cualquier caso, los rusos aseguran haber gastado, además del depósito que se les confió, una suma calculada en 120 millones de dólares. Esto, si se suma al depósito de oro existente en Francia (257 millones de pesetas-oro) y a los empréstitos conseguidos por la Hacienda española (201 millones) más el total del oro enviado a la URSS, alcanza una cantidad de 2.050 millones de pesetas-oro, aún por debajo del volumen nacional.

Resumen de los principales medios importados y de su coste:

Fuente: MOLINA, Lucas y MANRIQUE, José María: Armas y uniformes de la Guerra Civil Española.
Madrid. Tikal, 2009, pág.39.
 
En función de la procedencia del material importado, Molina y Manrique aportan los datos siguientes:

Fuente:  MOLINA, Lucas y MANRIQUE, José María: Op.Cit., pág.39.

Como puede observarse la contribución de la URSS sólo fue superior en ametralladoras y fusiles, pero había graves problemas en cuanto a la diversidad del material y sus distintos calibres y variedad de municiones.

Según fuentes más modernas, la cantidad de aviones entregados a los bandos varía.

*Deben añadirse unos 250 cazas producidos en España con materiales soviéticos.



En lo que respecta al aporte humano a ambos bandos:

-Alemanes: 15.000 hombres en total en el bando nacional (6.500 permanentes como máximo).
-Italianos: 100.000 hombres en el bando nacional (simultáneamente 40.000 como máximo).
-Marroquíes: en torno a 70.000 en el bando nacional; unos mil en el bando republicano (sin contar los pocos centenares integrados en las Brigadas Internacionales.
-Irlandeses y portugueses: 1.000.
-Rusos: unos 2.000 en 1937 y, a partir de entonces, no menos de 1.000, con un total máximo de 6.000.
-Brigadas Internacionales: encuadran una cifra superior a los 120.000 hombres, y de ellos, aproximadamente, unos 70.000 fueron extranjeros (simultáneamente sólo estuvieron en España entre 25.000 y 40.000 hombres).

La suma de todas las nacionalidades sería de un aporte de 186.000 hombres para el bando nacional y entre 77.000 y 127.000 en el republicano.

 

[1] ALPERT, Michael: El ejército republicano en la guerra civil. Barcelona. Ibérica de Ediciones y Publicaciones, 1977, pág.265.
[2] MOLINA, Lucas y MANRIQUE, José María: Armas y uniformes de la Guerra Civil Española.
Madrid. Tikal, 2009, pág.231.
[3] Ibídem., pág.237.
[4] ALPERT, Michael: Op.Cit., págs. 266-267.

 
FUENTES
 
 
ALPERT, Michael: El ejército republicano en la guerra civil. Barcelona. Ibérica de Ediciones y Publicaciones, 1977.
 
MOLINA, Lucas y MANRIQUE, José María: Armas y uniformes de la Guerra Civil Española.
Madrid. Tikal, 2009.
 
 
PROCEDENCIA IMÁGENES


"España, batalla de Guadalajara, 1937": Bundesarchiv Bild 183-2006-1204-510, Spanien, Schlacht um Guadalajara.