lunes, 20 de enero de 2014

Los mariscales de Napoleón (I): Michel Ney, el más valiente entre los valientes


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Michel Ney (1769-1815) fue uno de los mariscales más aguerridos de Napoleón. Duque de Elchingen y Príncipe del Moscova, Ney no se formó en academia militar alguna, sino que se alistó en el 5º Regimiento de Húsares en 1787, junto al cual combatió en la Revolución Francesa en el bando revolucionario. Consiguió el ascenso a teniente tras la batalla de Valmy en 1792 y, desde entonces, comenzó a lograr fama por su coraje. Sin embargo, las carencias en su formación militar serán, a la postre, su perdición.

No obstante, esa carencia no le impidió elaborar una meteórica carrera militar apoyada en la valentía, la iniciativa y un gran conocimiento de la caballería: capitán en 1794, general de brigada en 1796 y general de división en 1799. En 1802 recibió el mando de las tropas acantonadas en Suiza como Ministro Plenipotenciario para los Asuntos Helvéticos. Contrario en un principio a Napoleón, los vínculos entre su esposa y la hija de Josefina propiciaron un encuentro entre Ney y Napoleón del que ambos salieron fascinados. De este modo, en 1804 el Emperador lo convirtió en Mariscal del Imperio. Al mando del VI Cuerpo de Ejército de la Grande Armée desempeñó un gran papel en las guerras contra Austria y Prusia, participando en batallas como Elchingen, Jena o Eylau.

En 1808 luchó brevemente en las campañas de España y Portugal y, en 1812, en la campaña de Rusia. Su participación en las batallas de Smolensk y Borodino al mando del III Cuerpo de Ejército quedó en un segundo plano tras su increíble hazaña en la retirada francesa. Ocupando con su III Cuerpo la retaguardia gala, Ney plantó cara ante los innumerables ataques de la caballería cosaca en una espectacular huida, logrando escapar de una muerte casi segura y presentándose ante Napoleón, el cual, sorprendido, lo bautizó como el "más valiente entre los valientes".

El mariscal Ney apoya a la retaguardia en la retirada de Moscú, Adolphe Yvon.

Tras la derrota en Rusia y la terrible situación en España, Francia había perdido la iniciativa. Ahora el territorio patrio y la mismísima capital francesa se veían amenazados en la Campaña de los Seis Días. En ese momento, perdida toda esperanza, Ney aconsejó a su Emperador la abdicación y, una vez éste partió hacia la isla de Elba, confraternizó con la causa borbónica.

A Napoleón la isla mediterránea se le hacía pequeña, y su ambición le llevó a regresar para ocupar nuevamente su trono, desembarcando con un millar de partidarios en el sur de Francia el 1 de marzo de 1815. Ney fue enviado por Luis XVIII para detener a Bonaparte, y con prometió con arrogancia llevarlo a París metido en una jaula. El 14 de marzo, en las cercanías de Auxerre, se producía el encuentro y las tropas de Ney, ante la presencia de su antiguo Emperador, desertaron en masa. Ney, ante aquel espectáculo, volvió a quedar cautivado por la aureola de Napoleón, fundiéndose ambos en un abrazo.

Su participación en la batalla de Waterloo está cargada de controversia. La carga de caballería que lideró, no autorizada por Napoleón, debió de ser impresionante, pero el hecho de no contar con apoyo de infantería y artillería montada convirtió el ataque en una matanza a manos de la infantería británica, que había formado en cuadro. Este mal paso dejó a Napoleón en una situación crítica ante la llegada del ejército prusiano. Una carga de gran valentía pero mal ejecutada, que pone en entredicho su capacidad como comandante.

El resultado de la batalla es bien conocido. Fue el final de Napoleón, que acabó sus días en un nuevo exilio, esta vez en Santa Elena. Por su parte, el mariscal Ney fue sometido a juicio y condenado a muerte, siendo fusilado el 7 de diciembre de 1815. Hay quien dice que la ejecución fue una pantomima y que en realidad se salvó de la muerte por su condición de Masón, huyendo a los Estados Unidos de América, donde viviría como Peter Stuart Ney hasta su muerte en 1846.


FUENTES


CHANDLER, David: Las campañas de Napoleón. Un emperador en el campo de batalla, de Tolón a Waterloo (1796-1815). Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.


martes, 14 de enero de 2014

Publicaciones: Memorias de un francotirador en Stalingrado, de Vasili Záitsev



Hoy ha salido a la venta un nuevo libro autobiográfico de la Segunda Guerra Mundial. Memorias de un francotirador en Stalingrado es una obra escrita en primera persona por el genial francotirador Vasili Záitsev. A través de sus páginas relata no solo el episodio de armas más importante de su trayectoria personal -la Batalla de Stalingrado- sino también sus humildes orígenes en los Urales, donde aprendió a cazar siendo un niño de la mano de su abuelo.
Colección: Memoria Crítica
P.V.P.: 20.90€

Descripción extraída de la página web de la editorial:

"Como francotirador, he matado a más de unos pocos nazis. Tengo pasión por observar el comportamiento del enemigo: ves a un oficial nazi salir de un búnker, comportándose como un personaje poderoso, ordenando a sus soldados en todas direcciones, con ademán de autoridad. No tiene la más mínima idea de que sólo le quedan unos segundos de vida."

Sinopsis

Nacido en los Urales y habituado a la caza, Vassili Záitsev era un tirador excepcional, como lo demostró en la batalla de Stalingrado, donde, según sus propias palabras, “maté a 242 alemanes, incluyendo más de diez tiradores enemigos”. Este libro es el relato personal de su experiencia en la guerra, sin las manipulaciones con que la falseó el cine en “Enemigo a las puertas”. Lo que da un valor excepcional a este relato es el hecho de que nos ofrece el testimonio de alguien que vivió personalmente el salvajismo de la que ha sido considerada como la batalla más sangrienta de la historia: una “guerra de ratas” entre las ruinas, donde la esperanza de vida de un nuevo combatiente no pasaba de las 24 horas, y que acabó cobrándose de tres a cuatro millones de bajas. Las Notas de un francotirador de Záitsev, un libro que consigue transmitirnos la experiencia del combate tal como la vive un soldado, es un auténtico clásico de la literatura de guerra.

El autor

Vasili Záitsev (1915-1991) fue cazador en los Urales antes de enrolarse como voluntario en el ejército ruso en 1937. Su maestría como francotirador llegó a ser legendaria y sus servicios en el ejército fueron recompensados con varias medallas, incluida la codiciada Estrella de Oro de Héroe de la Unión Soviética.

martes, 7 de enero de 2014

El FC Start: El equipo de fútbol que prefirió morir a dejarse ganar


La Segunda Guerra Mundial es un periodo complejo que entraña multitud de historias y anécdotas dignas de escuchar. Si hay una temática histórica que apasiona a buena parte de la sociedad es precisamente la Segunda Guerra Mundial. Para muestra, un botón: visiten cualquier librería, y podrán observar la ingente cantidad de publicaciones, académicas y divulgativas, que tratan sobre la misma desde infinidad de puntos de vista. En definitiva, en tan basto granero de anécdotas, hay lugar para todo y, cómo no, para el heroísmo. Darío Rodríguez nos trae una de esas interesantísimas historias a las que nos referimos, no demasiado conocida, aunque sorprenderá a más de uno saber que inspiró una película tan célebre como Evasión o Victoria.


Darío Rodríguez González
Licenciado en Historia




Hoy toca hablar de fútbol, pero no de un Madrid-Barcelona o un Sporting-Oviedo, sino de un partido jugado en plena II Guerra Mundial, en el cual lo que estaba en juego no eran 3 puntos o un título, sino la vida. 

Corría el año 1941 cuando la ciudad de Kiev fue ocupada por los nazis. Al igual que en otras ciudades dominadas por el ejército alemán, la capital ucraniana se convirtió en un infierno, poblada por cientos de prisioneros de guerra, y entre ellos, Nikolai Trusevich, meses antes portero estrella del Dinamo de Kiev. Un panadero alemán le descubrió y lo rescató, dándole techo, comida y un trabajo en la panadería, pero le encomendó una labor aún más importante, reunir a sus ex-compañeros del Dinamo.

La Historia es digna de película, el portero recorrió lo poco que quedaba de ciudad, y entre heridos y mendigos fue descubriendo, uno a uno, a sus amigos del Dinamo. El panadero les dio trabajo a todos, incluidos tres futbolistas rusos, antes enemigos del Dinamo. En pocas semanas, la panadería escondía entre sus empleados a un equipo completo.

Una vez reunido el equipo, solo quedaba jugar, y fue así como nació el FC Start. Gracias a los contactos de amigos alemanes del panadero, el Start comenzó a jugar contra guarniciones de distintos países. El 7 de junio de 1942, jugaron su primer partido en la liga local. El primer oponente del FC Start fue el Rukh. Pese a su evidente desnutrición y a trabajar sin descanso en la panadería la noche anterior, vencieron por un contundente 7- 2. Su siguiente partido fue contra una selección húngara formada por soldados de este país, y los ‘panaderos’ ganaron 6-2. Luego le metieron 11 goles a un equipo rumano. El gran partido se produjo el 17 de julio cuando se enfrentaron a un equipo del ejército alemán y lo golearon por 6 -0. Muchos nazis empezaron a molestarse por la creciente fama de este grupo de panaderos y le buscaron un rival que pudiera hacerles frente y batirles. Éste fue el MSG húngaro que llegaba con la misión de derrotarlos, pero el FC Start lo apalizó con un humillante 5-1, y más humillante fue aún cuando los húngaros pidieron la revancha y volvieron a perder 3-2.

Los alemanes no podían permitir por más tiempo que un equipo de panaderos se pasease por los terrenos de juego, por lo que prepararon un conjunto con miembros de la Luftwaffe, el denominado Flakelf. Los nazis, una vez más, fracasaron, el Start les aplastó con un 5-3. El equipo de Hitler había caído. Ésta última derrota despertó todas las alarmas entre los alemanes, por lo que los soldados se pusieron a investigar, y descubrieron la ‘trampa del panadero’. Descubierta la tapadera, la orden  fue clara, matarlos a todos, pero antes, debían ganarles, no querían dejar la imagen de asesinos perdedores. La raza aria era superior siempre, y más en el deporte.

El partido se disputaría el 9 de Agosto, en el estadio Zénit de Kiev.  Un oficial de las Waffen-SS fue nombrado árbitro. Antes del choque, entró en el vestuario y dijo en ruso: “soy el árbitro, respeten las reglas y saluden con el brazo en alto”, exigiéndoles que hicieran el saludo nazi.

El  FC Start (Football Club Start) estaba integrado por ocho jugadores del Dinamo Kiev (Mykola Trusevych, Mikhail Svyridovskiy, Mykola Korotkykh, Oleksiy Klimenko, Fedir Tyutchev, Mikhail Putistin, Ivan Kuzmenko y Makar Goncharenko), y tres jugadores del Lokomotiv Kiev (Vladimir Balakin, Vasil Sukharev y Mikhail Mielnizhuk). Una vez saltaron al campo, los futbolistas del Start (camiseta roja y pantalón blanco) alzaron el brazo, pero en el momento del saludo se lo llevaron al pecho y en lugar de decir “!Heil Hitler¡”, gritaron”!Fizculthura¡”, un eslogan soviético que proclamaba la cultura física. Los alemanes (camiseta blanca y pantalón negro) se adelantaron en el marcador, pero el Start logró remontar y al descanso se llegó con un 3-1.

En el descanso se repitieron las visitas, pero esta vez las amenazas por parte de los nazis fueron más duras :“si ganan, no queda nadie vivo”. Los jugadores del Start, aterrados, se plantearon no salir al segundo tiempo. Pero pensaron en sus familias, en los crímenes que se cometían, en lo que ellos habían sufrido, en el riesgo que había corrido el panadero, en la gente sufrida que en las tribunas gritaba por ellos. Y volvieron al césped. La segunda parte fue una oda al fútbol. Como se dice vulgarmente, ‘bailaron a los alemanes’.  En los últimos minutos del partido, cuando el marcador reflejaba un 5-3 a favor del Start, el delantero Klimenko encaró mano a mano al portero, lo regateó con facilidad y elegancia, y cuando quedó solo sin oposición, a escasos centímetros de la portería, dio media vuelta y despejó la pelota hacia medio campo. Fue un gesto de desprecio, de burla, de superioridad total. El estadio se vino abajo. Viendo la humillación que sus compatriotas padecían en el césped, el árbitro decretó el final del partido antes de cumplirse el minuto 90 con el resultado de 5-3.

Al día siguiente en todo Kiev se hablaba del partido, en cualquier rincón se comentaba la hazaña de los ‘panaderos’. Dada la popularidad del encuentro los nazis decidieron dejarles una ‘tregua’. Tal es así que el START, pocos días después, volvió a jugar, y por supuesto ganar, otro partido contra el Rukh, el resultado, 8-0. 

Pero la tregua finalizó, y los nazis acudieron a la panadería. El primero en morir torturado fue Kortkykh. Los demás fueron arrestados y enviados a los campos de concentración de Siretz. Allí mataron brutalmente a Kuzmenko y Klimenko. Se dice que Trusevich, el portero, murió con la camiseta puesta.

Los únicos que corrieron distinta suerte fueron Goncharenko y Sviridovsky, que no estaban en la panadería, por lo que lograron sobrevivir, escondidos, hasta la liberación de Kiev en noviembre del '43. El resto del equipo fue torturado hasta la muerte.

La Historia ha definido este partido como el Partido de la Muerte. A día de hoy, todo aquel que posea una entrada de aquel partido, tiene entrada gratis en el estadio del Dinamo de Kiev. Les torturaron, les mataron, pero su recuerdo aún pervive en la capital ucraniana. Una estatua se erigió en el estadio, recordando a los héroes del START. Los "panaderos" que nadie pudo vencer.


FUENTES